El licenciado
C onrado de la Cruz Morales, directivo del periódico “Cuarto Poder” para el que entonces escribía, llegó una mañana a mi celda, agitado y nervioso; me preguntó en son de broma si me había aseado bien las orejas porque estaba obligado a hablarme muy bajo ya que debía comunicarme un asunto muy “grave e importante”. —Decíme, escucho bien —le respondí—. Tomándome de un brazo, me condujo hasta el fondo del pasillo, donde nadie nos escuchase y estuviéramos fuera del alcance de las cámaras de video. —¿Qué cabronada le hiciste al ahijado del “Chamulín Colorado” —así apodábamos al exgobernador Javier López Moreno quien sacó a Pablo Salazar de la miseria para llevarlo por una ascendente carrera política a costa de espantosas violaciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Local del Estado de Chiapas—, que ya dieron la orden de que de aquí, salgás con las patas por delante? —Que yo sepa, solo denunciar sus corruptelas; y si eso es el motivo, sabés que no esto...