La fiesta
C omo todas las tardes, Carlos, “El Águila” y yo, nos fuimos a los campos deportivos del penal femenil a jugar básquetbol. De regreso, tuvimos la inquietud de irnos a la fiesta del “Día del Amor y la Amistad”, pero a mí me negaron el permiso. —Está prohibido que dejemos pasar a Ksheratto al otro lado; si quieren solo ustedes dos —dijeron a Carlos y al “Águila”— pueden pasar, pero Ksheratto no puede, se queda en el módulo —anunció el guardia. —¿Por qué razón? —preguntamos. —No sé si te han dicho, pero los dos guardias a la entrada del módulo, no son de los nuestros; son de la Secretaría de Gobierno y de la Fiscalía. Están ahí con la orden de vigilar tus movimientos. Tenemos a la gente del gobierno aquí, en la nuca, presionándonos para que te restrinjamos lo más que se pueda. La confidencia del guardia me dejó petrificado. Sabía que tanto la Fiscalía como la Secretaría de Gobierno, en ese entonces en manos del ahora senador Rubén Velásquez, estaban al tanto de mis movimientos a...