Doña María
C uando vio caer la vieja puerta de madera y aparecieron sobre el disimulado quicio varios hombres fuertemente armados, doña María recordaría aquella madrugada del 1 de enero de 1994, en que cientos de campesinos zapatistas declararon la guerra al gobierno de Carlos Salinas de Gortari. En medio del caos, ella logró ponerse a salvo en la Iglesia y ahí permaneció hasta que el Ejército recuperó las calles de Ocosingo —muchos días después—, cuando los cadáveres de improvisados insurgentes y soldados oficiales, invadían con fétidos olores el ambiente. Con los recuerdos alborotados, doña María sintió la bota de uno de los hombres que tomaron por asalto su casa. Poco a poco se fue acostumbrado a la fuerza que ésta ejercía sobre su rostro que salía del montón de tierra y cenizas mojadas, en un rincón de la choza que servía de cocina. Apenas podía respirar y no tuvo tiempo de llorar y mucho menos, pedir una explicación. —“Me van a matar estos desgraciados” —pensó mientras clamaba a Dios p...