El Águila
S e antoja un café y junto con Carlos y “El Águila”, dos prisioneros cuyos expedientes penales fueron prefabricados, nos disponemos a prepararlo. Sobre una mesa de plástico, el rompecabezas que desde hace días tratamos de armar hasta la madrugada, nos espera para otra larga noche de tertulia, cuentos, chistes y reflexiones. Es la forma de rumiar las horas del día, de soñar despiertos. Con Carlos, acusado de dos horrendos asesinatos ocurridos en Tuxtla Gutiérrez mientras él trabajaba en Mérida y El Águila, señalado por un asalto cometido cuando él se encontraba en Oaxaca de escolta del hijo de un exgobernador de ese estado, hicimos buenas migas desde la primera tarde que pasé en el área Conyugal, donde se decía, estaban los presos castigados. Esa noche era de visita conyugal y el área estaba llena de presos con sus esposas e hijos. El llanto de un niño nos sacó de la conversación y uno a uno, salimos intrigados de la celda para ver lo que le ocurría al chiquillo. En la planta de abajo...